Historia de Villapalacios. Temas.
Iglesia de San Sebastián. La reforma de 1957

 

 

 

 

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Fotografía de la iglesia de San Sebastián anterior a 1957. Se puede ver la zona del coro y la parte inferior del templo. En la pared del fondo, encalada de blanco como el resto del edificio, puede verse cómo no está la tribuna plateresca que hay ahora, que se adivina en la parte izquierda de la imagen unida al coro mediante una barandilla. También puede verse el muro de obra construido debajo del coro que convertía este lugar en una estancia separada del templo. A la derecha de la imagen aparece uno de los altares que fueron eliminados ese año, así como la puerta arquitrabada que salía hacia la zona de los Toriles, situada entre los arcos cuatro y cinco, justo enfrente de la puerta principal (la que se abrió en la reforma de finales de los años setenta, mucho más pequeña, está entre los arcos cinco y seis). En la imagen destaca una gran cantidad de reclinatorios, propiedad de los fieles que luego fueron sustituidos por bancos. La imagen es muy parecida a la ya conocida realizada por Belda en 1928, pero aquí todavía no estaba hecho el muro bajo el coro. / AUTOR DESCONOCIDO, ANTERIOR 1957 / JAIME BELDA SALLER, 1928.

 

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Una de las primeras acciones que llevó a cabo Miguel González López tras tomar posesión el 11 de diciembre de 1956 como sacerdote de la parroquia de San Sebastián de Villapalacios, cargo en el que sustituyó a Valentín Moreno Marín, fue acometer la reforma del edificio de la iglesia que se encontraba, al parecer, en condiciones deplorables. De hecho, ya lo había recomendado el año anterior el obispo auxiliar de Toledo, Francisco Miranda Vicente, en su visita al templo, tal y como quedó anotado el 23 de noviembre de 1956 en el Libro de Visita Pastoral-Régimen Parroquial que se conserva en el Archivo Parroquial:

"Procurese, a la mayor brevedad posible la reparación de la Iglesia Parroquial, activando con la Junta exitente al efecto la recaudación de fondos para ello"

En efecto, a los cinco meses exactos de la toma de posesión, el 10 de mayo de 1957, comenzaron unas obras que acabaron dando un aspecto diferente al templo. Los trabajos, después de algo más de seis meses, terminaron el 25 de noviembre de ese mismo año.

Según escribió el mismo sacerdote al término de los trabajos: "La cubierta está tan deteriorada que pasa el aire por todas partes, con un sinfín de goteras, que han perjudicado grandemente buena parte del enmaderado". Si entraba el aire, no cabe duda del mal estado en general de edificio y que la lluvia también haría acto de presencia, provocando más humedad en el interior del edificio, un lugar con poca luz y poca ventilación. Por eso, nos dice: "El revoque de los muros están muy dañados por la humedad". Además, el pavimento que era "de ladrillo de barro" estaba en muy mal estado, "quebrantado", predominando las zonas con tierra y piedra, tal y como ya se apreciaba en la imagen de 1928. Según anota en el Libro de Visita Pastoral-Régimen Parroquial, "solamente el presbiterio tiene el piso de baldosín de cemento, y son de piedra las cinco gradas de subida".

 

detallesueloDetalle del suelo de la iglesia de San Sebastián en 1928. En la parte superior se ven los ladrillos de barro y en la zona más cercana al altar, de mayor uso y tránsito, se han perdido, viéndose claramente la tierra. / JAIME BELDA, 1928.

 

De esta zona principal del edificio Don Miguel nos dice también: "El retablo es de yeso, realizado sin ningún gusto artístico y peor decorado", por lo que esta obra, que se realizó tras la guerra civil no sabemos si para sustituir otro retablo anterior del que no tenemos noticia, seguía en pie y en uso en 1957.

Otras de las cosas que describe Don Miguel es que hasta ese año la pila bautismal "de piedra arenisca" estaba colocada "en un rincón de la Capilla del Santísimo Cristo". Otro de los datos curiosos es que hasta ese momento había zonas de la iglesia que no tenían un uso religioso: "Junto a la sacristía hay un corral en estado ruinoso que se usaba para tirar basuras", una zona que quedó en desuso desde el terremoto de Lisboa de 1755 y que llegó a ser un lugar en el que el sacristán plantó tabaco para su consumo, como veremos en otro lugar de esta página web. Por lo tanto, en esta zona del edificio en ese momento había, al menos, dos construcciones: una capilla dedicada al Santísimo Cristo con la pila bautismal en un rincón y un "corral en estado ruinoso" fruto de otra estructura, quizá la sacristía, derruida.

Tras esa somera, pero interesante descripción del estado en el que se encontraba el edificio hasta ese momento, el sacerdote detalla las "obras realizadas" en siete puntos a los que añade un octavo con lo "desaparecido" durante los trabajos:

La relación de obras realizadas deja clara su importancia: en el altar se construyó una estructura exenta, semicircular abovedada con dos ventanas que permitían la entrada de luz en la cabecera del edificio. Se trataba de una estructura exenta, como una especie de forro interior de la zona del presbiterio, que, debido a sus dimensiones, tuvo que ser de gran complejidad. Sin duda era la mejor manera de aislar esta zona del exterior y, de paso, ocultar las heridas de los muros de la iglesia.

En esta zona, por ser la principal, se utilizó el mármol para los acabados. Se empleó tanto para el suelo como para los cinco escaleras de acceso -blanco y rojo-. También se hizo un nuevo altar de mármol que se realizó, apunta Don Miguel, en los talleres de Manuel Peris Ferrer de la localidad valenciana de Alboraya, un marmolista de fama en esas tierras con trabajos en las iglesias como Nuestra Señora del Don de Alfafar.

1. En el presbiterio se construyó un ábside semicircular, rematado con una bóveda, abriéndose dos ventanales en el frente. El piso del presbiterio y las cinco gradas de acceso, son de mármol blanco y rojo. Asimismo se colocó un altar de mármoles combinados, realizado en los talleres de Don Manuel Peris Ferrer, de Alboraya (Valencia).

El mal estado de la cubierta hizo que se levantara casi en su totalidad. De hecho, tal y como se nos dice se repuso casi la cuarta parte de las maderas por estar inservibles. Una vez cambiadas el 25% de las maderas del techo se colocó una rasilla y encima las tejas, la mayoría nuevas ya que hubo que comprar hasta 8.000 piezas.

2. Se levantó totalmente la cubierta, pues muchas maderas estaban inservibles, reponiendo casi la cuarta parte de ellas. Sobre las maderas se colocó una capa de rasilla para aislar el templo del aire exterior y colocando sobre la rasilla la teja, habiendo necesitado ocho mil piezas nuevas para suplir las rotas.

En el interior, se picó por completo el revoque de las paredes y se hizo uno nuevo. También se abrieron tres ventanas en los muros para iluminar el edificio, que como ya se ha dicho era muy oscuro, con la intención de dejar entrar la luz. El piso se remontó (no "desmontó" como se dice) 30 centímetros para evitar los dos escalones que había al entrar. Luego se colocó una capa de piedra y hormigón y se utilizaron baldosas de cemento blanco y negro para terminarlo. Un acabado que durante muchos años fue característico en la iglesia.

3. Los muros fueron picados en su totalidad y revocados de nuevo, abriendo tres ventanales en los muros para dar luz a la iglesia.

4. Se desmontó el piso unos 30 centímetros, para quitar los dos escalones de la cancela. Y sobre una capa de piedra y hormigón se sentó el ladrillo de cemento, blanco y negro.

Que las obras tuvieron una entidad enorme lo demuestra el hecho de que se construyeron nuevas estructuras. Incluso se abrió el muro de la fachada principal de la iglesia para poder comunicar una nueva capilla construida en la antigua sacristía que estaba rematada por una bóveda de crucería. Para acceder a ella se abrió un arco en la nave, entre el primer y el segundo contrafuerte en el lado del Evangelio.

5. En lo que era la sacristía se construyó una capilla con bóveda de crucería, abriendo un arco en la nave del templo y una puerta al actual baptisterio.

Además, en la estructura en desuso, en la que se decía que se tiraba basura hasta ese momento, se construyó una nueva sacristía.

6. En el lugar del corral adjunto a la sacristía, se construyó una sacristía.

La pila bautismal se trasladó al centro de la Capilla del Santísimo Cristo, después de reparar la bóveda. Para hacerla practicable se construyeron tres escalones, por lo que el nivel de esta estancia era el mismo que el original del templo, que recordemos, se había subido para eliminar los dos escalones de acceso (y también, en la medida de lo posible, la humedad, uno de los problemas que siempre han causado problemas al edificio). En el muro que da a la plaza se construye una ventana que hasta finales de los años setenta podía verse.

7. La pila de bautismo se trasladó al centro de la capilla, después de reparar la bóveda, abrir un ventana a la plaza y construir tres gradas de bajada a la pila.

A partir de ahora comienza la enumeración de los elementos eliminados, además de los escalones ya mencionados para acceder al templo desde la plaza. El principal elemento fue el tabique que separaba la parte baja del coro y lo convertía en un cobertizo donde seguramente se acumulaban trastos y "muebles viejos", todos en desuso. No tenemos claro si se eliminó por completo o se dejó una de las partes. Pero también se quitaron unas "tribunas de madera que había junto al presbiterio, entre los arcos primero y segundo", sin duda ubicadas en el lado de la Epístola, porque justo enfrente estaban la sacristía y la capilla. Unas tribunas de madera de las que no tenemos noticia alguna hasta este momento, ni sabemos cómo acabaron.

Por último se menciona que se eliminaron los cuatro altares laterales "de piedras y tablas", colocados dos en cada lado, frente a frente, entre los arcos cuatro y cinco, tal y como se puede ver en la fotografía antigua de Belda de 1928. Se eliminaron por "antiestéticos" y "además porque estorbaban". Unos altares que están siendo estudiados para poder determinar a quién estaban dedicados.

8. Desaparición: el tabique separaba la parte baja del coro del resto del templo. Las tribunas de madera que había junto al presbiterio entre los arcos primero y segundo. Las cuatro altares laterales, antiestéticos, de piedra y tablas y además porque estorbaban

 

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La iglesia en 1928, con los cuatro altares (a la izquierda se aprecia la estructura de un segundo elemento que queda fuera de la imagen) que fueron eliminados en la reforma de 1957. / JAIME BELDA, 1928.

 

No se dice nada del retablo de yeso, pero se deduce que acabó oculto o se destruyó para poder colocar la enorme estructura abovedada que se construyó entonces en la zona del presbiterio.

No desapareció, pero si se cambió de sitio, la tribuna de madera plateresca con las cabezas talladas. Pasando de estar a la izquierda de la puerta principal a situarse sobre el coro, el lugar que ocupa desde entonces. Para acceder a ella se abrió una puerta en el cuerpo de la torre campanario.

La tribuna de maderas talladas que había al entrar entre la puerta principal y el coro, fue trasladadas a la pared del fondo, abriendo una puerta desde la escalera del campanario, todo ello convenientemente reparado.

 

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La tribuna situada a la izquierda de la puerta de entrada, entre los arcos cinco y seis. Allí estuvo hasta 1957, cuando fue desmontada y trasladada a su posición actual. / JAIME BELDA, 1928.

 

Según Don Miguel la obra quedó sin acabar, por falta de medios:

No se termino la obra de reparación por falta de fondos, y queda por realidad: el piso del baptisterio, el zócalo de toda la iglesia, piso del coro, campanario y reparación de fachada y puertas.

Por último, el sacerdote aporta el nombre de las personas responsables de los trabajos:

Trabajaron como albañiles: Abraham Rubio, Isaías Amores, Leopoldo Herrera, Wenceslao Robles, y como peones: Antonio Amores, Juan Flores, Esteban Amores (1), Bienvenido de Gracias entre otros, además muchos prestaron su trabajo gratuitamente, y no figuran aquí en gracia a la brevedad.

Y para que conste extiendo la presente que firmo en Villapalacios a 8 de diciembre de 1957. Miguel González López.

(1). Según Ángel Amores Molina, Isaías Amores era su padre y Antonio y Esteban Amores, sus dos hermanos.

No nos cansamos de destacar la importancia de la documentación escrita que aporta una información que de otra forma sería más vaga y dudosa, habría desaparecido y sería desconocida en la actualidad. En concreto, de esta importante obra realizada en 1957 no teníamos constancia. Sí se cita en una de las notas del artículo que publicó Sebastián Panadero y Rubi Sanz en 1979, con motivo de la última gran restauración que ha sufrido este edificio hasta ahora, pero de una forma muy concisa. Sin duda, Don Miguel explicó o dejó leer estas anotaciones a los autores del artículo para poderlo realizar.

Don Miguel anotó en su cuaderno los trabajos realizados; cuándo comenzaron y cuándo terminaron, pero ni en el ayuntamiento ni en el Archivo Diocesano hemos encontrado documentación alguna sobre estos trabajos. La clave esta, quizá, en cómo se financiaron; como se hacían muchas de las cosas en Villapalacios por entonces, y en otras muchas localidades: con la ayuda de todos los vecinos. También lo puso por escrito Don Miguel.

Se imponía una reparación urgente, pasa lo cual requerí la generosidad de los fieles, que según sus recursos y devoción fueron aportando libremente las limosnas necesarias, para realizar las obras de reparación...

Lo curioso es que tampoco quedó constancia de los trabajos y su coste en el Libro de fábrica de la Iglesia de Villapalacios que recoge los ingresos y gastos entre 1940 y 2011 que se conserva en el Archivo Parroquial. En 1957 podemos comprobar que el año comenzó con un superávit de 8.058 pesetas y terminó con otro de 6.024,58 pesetas, pero no consta coste alguno de obras. Durante esos doce meses a los ingresos producidos por entierros, bodas, funerales, bautizos y "dotación del estado", tan solo se descuenta mensualmente "la gratificación del sacristán", los gastos de luz y los "paquetes de velas", que suelen rondan la 50 pesetas en total. Solo en el mes de febrero se computa un gasto extraordinario: la compra de un "copón de metal dorado" (1.050 pesetas) y una "bandeja para la comunión" (100), pero nada más en doce meses.

 

Tras los trabajos el aspecto de la iglesia tenía que ser algo parecido a este de la fotografía:

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Vista del interior de la iglesia de San Sebastían realizada desde el coro, después de las obras de 1957.
Entre los elementos que destacan: el ábside semicircular construido en la zona del presbiterio, se pueden ver los cinco escalones construidos entonces y el nuevo altar realizado en un taller de Alboraya, Valencia. A la derecha, pueden verse dos arcos apuntados que daban acceso a la capilla del Santísimo Cristo con la pila bautismal en su interior, y la sacristía. También pueden verse los flamantes bancos que sustituyeron a los reclinatorios. La presencia de humedades que se aprecia ya en las partes bajas de las paredes denotan que la imagen, de la que no sabemos ni autor ni fecha exacta, tiene que ser posterior en varios años al fin de los trabajos. La solución que se adoptó hasta la reforma de finales de los setenta fue colocar un zócalo de imitación de madera en la parte posterior de las paredes, algo que Don Miguel ya contemplaba en 1957, tal y como dejó apuntado: "queda por realizar, el piso del baptisterio, el zócalo de toda la iglesia, piso del coro, campanario y reparación de fachada y puertas". / FOTO ANÓNIMA.

 

 

gggg EL APUNTE:

El sacerdote Miguel González vivió otra gran reforma de la iglesia, a finales de los años setenta del siglo XX. En ese momento, después de llevar más de dos décadas en el cargo y habiendo dirigido los trabajos de la realizada en 1957 era la voz experta que aconsejó a los arquitectos de Bellas Artes que dirigieron los trabajos. Es entonces cuando todas las construcciones que había en el lado de la Epístola (sacristía y capilla del Santísimo Cristo) se tiraron abajo "porque son construcciones nuevas realizadas en una reforma de los años cincuenta".

Pero si se lee con cuidado el manuscrito que escribió el sacerdote en 1957 es que la pila bautismal se trasladó al centro de la Capilla del Santísimo Cristo "después de reparar la bóveda", por lo tanto ya existía un espacio abovedado, una capilla, con anterioridad a estos trabajos, y no se debería haber derribado.

Los trabajos que se hicieron en 1979, quizá por la falta de un estudio en profundidad de las fuentes hace que aparezcan afirmaciones como que el enorme arco de medio punto cegado situado en el muro norte corresponde a que "en un momento dado se decidió ampliar por este tramo pero la construcción no se llevó a cabo", algo que sabemos que no es cierto, ya que ese arco corresponde con el acceso a la Capilla de la Encarnación que mandó construir Juana Manrique de Lara cuando falleció en 1589, un espacio (de unos veinte metros cuadrados) en la que estuvo enterrado su marido Gerónimo Aliaga y ella misma, hasta que el maldito terremoto de Lisboa la destruyó en 1755, tal y como se recoge en las visitas pastorales.

Lo de siempre: insistir en que la documentación es fundamental para el conocimiento del pasado.

 

 

 

 

 

 

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