Historia de Villapalacios. Temas. ¿Estuvo Cristóbal Colón en Villapalacios en 1493?

 

 

 

s Cristóbal Colón es uno de los personajes más enigmáticos de la historia. Desde su nacimiento hasta su muerte, su vida ha sido objeto de estudio, lo mismo por el investigador serio que por el aficionado de turno. Pero muy pocos se han puesto de acuerdo en aspectos fundamentales como el del lugar de su nacimiento; si era genovés, corso, portugués, catalán, aragonés, vasco, gallego, extremeño o mallorquín, entre otros muchos orígenes posibles. La cuestión del lugar de su nacimiento y su nacionalidad han generado ríos de tinta y es raro el año que no aparezcan nuevos libros que aborden el tema y aseguren que han resuelto el misterio. Es el caso de los últimos ensayos publicados por los profesores norteamericanos Estelle Irizarry y Charles J. Merrill, que aseguran, a partir de su grafía y su manera de escribir, que Colón era catalán, aunque, con sus explicaciones, seguro que no convencen a los que defienden un origen diferente. También es motivo de controversia el lugar donde permanecen enterrados sus restos tras fallecer en 1506, dándose la paradoja de que existen dos tumbas, una en la catedral de Sevilla y otra en la de Santo Domingo.

 

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Dos de los escasos retratos del navegante Cristóbal Colón y dibujo de la carabela Santa María



Está claro que todos quieren hacer suyo a Colón, pero el problema está en que las fuentes son insuficientes y poco claras, y a que la documentación sobre el navegante se creó tras el regreso de su primer viaje, y al hecho de que al no ser un personaje noble, relevante en el mundo religioso o político, su infancia y juventud no dejaron ningún tipo de dato oficial, más allá de la de cualquier otro mortal, que haya permitido rastrear sus primeros años de vida.

Pero no todas las dudas (y enigmas) que rodean su figura son de carácter biográfico. Otras de las controversias no resueltas es la de si realizó su viaje buscando una nueva ruta hacia las Indias, y sus preciadas especias, y murió sin saber que había descubierto un nuevo continente, tal y como se ha explicado tradicionalmente. Por el contrario, otros defienden que sí conocía la existencia del Nuevo Mundo antes de zarpar. En este sentido es fundamental el documento de Las Capitulaciones de Santa Fe firmado entre los reyes católicos y Colón el 17 de abril de 1492 en la localidad de Santa Fe de la Vega (Granada) en el que se regulaba las condiciones en que se realizaría la expedición hacia las indias. El comienzo del documento genera algunas dudas por el tiempo verbal que usa. Por eso, lo hemos subrayado en negrita:

 


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“Las cosas suplicadas e que Vuestras Altezas dan e otorgan a don xhristoual de colon en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las mares oceanas y del viage que agora con el ayuda de diosd ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas son las que se siguen...”

Capitulaciones de Santa Fe. Archivo de la Corona de Aragón. Libro Registro de la Cancillería aragonesa. Lib. 3569. folios 135 V - 136. (Si quieres leer la transcripción completa, clicka aquí).

 

Colón realizó cuatro viajes a tierras americanas. Su primera expedición partió el 3 de agosto de 1492 desde el puerto de Palos de la Frontera, Huelva, (aunque autores como Jordi Bilbeny defienden que, en realidad lo hizo desde el puerto gerundense de Pals), llegando a Guanahani (Islas Bahamas) el 12 de octubre del mismo año. Independientemente de si “descubrió” América o fueron otros los que llegaron primeros (vikingos, cartagineses o chinos) Colón alcanzó este continente con sus tres famosos barcos, dos carabelas y una nao, la Santa Maria, la Pinta y la Niña, y al volver a Europa dio origen a una ruta para navegación periódica y segura entre los dos continentes, que todavía hoy sigue utilizándose.

El segundo viaje comenzó el 25 de septiembre de 1493 y concluyó el 11 de junio de 1496, siendo Cádiz y la isla de Puerto Rico los lugares de salida y de llegada en esta nueva aventura que se organizó con el objetivo de explorar, colonizar y predicar la fe católica por los nuevos territorios. En este viaje participaron 17 naves (3 carracas, 2 naos grandes y 12 carabelas), entre ellas la Niña, que repitió travesía.

El 30 de mayo de 1498 comenzó su tercer viaje desde Sanlúcar de Barrameda con seis barcos y con Bartolomé de las Casas, que acabaría siendo uno de los que más denunció con sus escritos los aspectos bárbaros de la conquista, y que terminó el 25 de noviembre de 1500 con el regreso de Colón y sus hermanos encadenados y acusados de mal gobierno de las nuevas tierras.

Al llegar a España recuperó su libertad, pero no su prestigio y sus poderes.

Pese a todo, Colón volvió a viajar de nuevo a América, en un cuarto viaje que comenzó en 11 de mayo de 1502 desde Cádiz, explorando las costas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá y que terminó en 1504 en Sanlúcar de Barrameda.

Desde el primer contacto con las nuevas tierras se suscitó un gran interés por las riquezas que allí se podían encontrar. Por eso, algunas potencias europeas, con la corona española a la cabeza, invadieron y ocuparon parte del territorio americano, imponiendo su dominio sobre varias civilizaciones y pueblos allí instalados, entre ellos los incas y aztecas. Como resultado, se destruyeron parte de esas culturas, su escritura, conocimientos científicos y artísticos y sus creencias religiosas, sometidas bajo el cristianismo, la religión de los dominadores extranjeros.

Pero, ¿qué tiene que ver Colón con Villapalacios?

Otro de los enigmas que plantea la figura del conquistador es la de su regreso en el primer viaje. Se sabe que Colón al retornar a la península no fui raudo a entrevistarse con sus benefactores, los reyes Isabel y Fernando, que habían sufragado su aventura marinera, sino que permaneció varios días en Portugal visitando a Juan II, rey de este país, explicándole de primera mano su experiencia, al parecer, obligado por la voracidad de una tempestad que le arrastró a esta costa.

Por fin, el 15 de marzo de 1493 atracó en la localidad de Palos, 32 semanas después de su partida, para luego marchar por tierra hasta Sevilla. En la ciudad hispalense, preparó su viaje a Barcelona en donde le esperaban los reyes católicos, tal y como le dieron a conocer en una carta que llegó de urgencia desde la ciudad de la Corona de Aragón. Pero en vez de programar un viaje por mar, que hubiera sido más rápido y seguro, decidió emprender un viaje por tierra cruzando toda la península de punta a punta dirigiendo una caravana donde se podían admirar todos los trofeos conseguidos en América.

Aquí es donde entra en escena Villapalacios.

Hasta hace poco, nadie se aventuraba a precisar cuál fue el recorrido seguido por Colón en su camino hacia Barcelona. La falta de fuentes hacía aparecer el tema como algo anecdótico y la mayoría de las historias pasaban de puntillas sobre este tema y daban un salto entre su llegada a Sevilla y el recibimiento en algún punto de la ciudad de Barcelona (el Salón del Tinell del Palacio Real Mayor) o en sus alrededores (en el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra (Badalona), un aspecto que tampoco está claro.

Sin embargo, en 2002 se publicó en Internet (uno de los mejores inventos del siglo XX) la tesis de la investigadora Maria Montserrat León Guerrero El segundo viaje colombino, un trabajo que le valió la calificación de cum laudem en la Universidad de Valladolid en el año 2000. Al final de su investigación León publica el recorrido que hizo Colón desde la ciudad de Sevilla hasta la ciudad catalana.

Según la historiadora, Cristóbal Colón y su caravana multicolor de indios emplumados, papagayos, pequeños conejos, batas, maíz y todo el oro que pudo traer, pasó por Villapalacios y pernoctó en la jornada del sábado 13 de abril de 1493 en la localidad.

Pero la cosa no acaba aquí. A su regreso, el hombre más popular de ese final de siglo, volvió a pasar y hacer noche en Villapalacios tal día como el 9 de junio de ese mismo año.

Pero vayamos por partes.


Llegó Colón a Sevilla el día 20 de marzo de 1493. La noticia se propagó rápidamente por Andalucía, y de ahí al resto de la península, ya que el día 22 de marzo (7 días después de la llegada de Colón a Palos), en el libro de actas de la ciudad de Córdoba se puede leer:

“Estos señores [los miembros del Cabildo de la ciudad] vieron una carta que envio Colon e las yslas que falló, y la Çibdad mando que se vistiese el mensajero y se le diesen mil maravedis para el camino;…”

Bartolomé de las Casas escribe, al final del sumario que realizó del Diario del primer viaje, que la intención primera de Colón era ir en barco, el medio de transporte más seguro y rápido de entonces:

“…estaba de propósito de yr a Barçilona por la mar, en la qual çiudad le daban nuevas que sus Altezas estaban, y esto para les hazer relación de todo su viaje que Nuestro Señor le avía dexado hazer y le quiso alumbrar en él”.

Sin embargo, el mismo autor, en su Historia de las Indias (Lib. I, Capítulo LXXVIII), afirma que hubo un cambio de planes y que acabó viajando por tierra.

“Despachado el correo, D. Cristóbal colon, ya Almirante, con el mejor aderezo que pudo, se partió de Sevilla llevando consigo los indios, que fueron siete los que le habían quedado de los trabajos pasados, porque los demás se le habían muerto; los cuales yo vi entonces en Sevilla, y posaban junto al arco que se dice de las Imágenes, á Sant Nicolás. Llevó papagayos verdes muy hermosos y colorados, y guayças, que eran unas carátulas hechas de pedrería de huesos de pescado, á manera puesto de aljófar, y unos cintos de lo mismo fabricado por artificio admirable; con mucha cantidad y muestras de oro finísimo, y otras muchas cosas, nunca otras antes vistas en España ni oídas".

Y prosigue explicando que la fama le acompañó todo el viaje:

"Despachóse de Sevilla con los indios, y con lo demás. Tanto comenzó la fama á volar por Castilla, que se habían descubierto tierras que se llamaban las Indias, y gentes tantas y tan diversas, y cosas novísimas, y que por tal camino venia el que las descubrió y traía consigo de aquella gente; no solamente de los pueblos por donde pasaba salía el mundo á lo ver, pero muchos de los pueblos, del camino por donde venia, remoto, se vaciaban, y se hinchían los caminos para irlo á ver, y adelantarse á los pueblos á recibirlo…".  (Las Casas Libro I Capítulo LXXVIII, p. 332)

Según la historiadora León “Colón se desplazaría por los pueblos castellanos orgulloso de poder mostrar los resultados de su viaje a través de la parafernalia que le acompañaba y por la expectación que su grupo producía allí por donde pasaba”. Y Las Casas escribe:

“Dióse la priesa que más pudo para llegar a Barcelona, a donde llegó mediado abril, y los reyes estaban harto solícitos de ver a su persona; y sabido que llegaba, mandáronle hacer un solemne y muy hermoso recibimiento, para el cual salió toda la gente y toda la ciudad, que no cabían por las calles, admirados todos de ver aquella venerada persona ser de la que se decía haber descubierto otro mundo…”.

 

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Recibimiento de los Reyes Católicos a Colón tras su primer viajeGrabado que muesta el encuentro de los reyes con Colón tras su primer viaje

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Bustos de la reina Isabel y Fernando, y Colón, esculpidos en los capitales del monasterio de Sant Jeroni de la Murtra, en Badalona (Barcelona).

Por su parte, el hijo del navegante, Hernando (o Fernando) Colón afirma que su padre salió por tierra hacia Sevilla con la intención de continuar desde allí a Barcelona. Según Hernando Colón “en el viaje hubo de detenerse algo, aunque poco, por la mucha admiración de los pueblos por donde pasaba con la intención de admirar el cortejo así como las demás cosas y novedades que llevaba consigo”.

Lo mismo explica Francisco López de Gómara, que también relata el recibimiento que le ofrecieron los reyes en Barcelona:

“Estaban los reyes Católicos en Barcelona cuando Colón desembarcó en Palos, y hubo de ir allá. Más aunque el camino era largo, y el embarazo de los que llevaba mucho, fue muy honrado y famoso, porque salían a verle por los caminos ante la fama de haber descubierto otro mundo y traer de él grandes riquezas y hombres de nueva forma, color y traje… Finalmente, él entró en la corte, con mucho deseo y concurso de todos, el 3 de abril [las fechas no coinciden], un año después de partir de ella. Presentó a los Reyes el oro y cosas que traía del otro mundo; y ellos y cuantos estaban delante se maravillaron mucho de ver que todo aquello, excepto el oro, era nuevo como la tierra donde nacía. Elogiaron los papagayos [viajaron 40, pero no sabemos cuántos llegaron], por ser de muy hermosos colores: unos, muy verdes, otros, muy colorados, otros amarillos, con treinta pintas de diversos colores; y pocos de ellos se parecían a los que de otras partes se traen. Los hutías o conejos eran pequeñitos, con orejas y cola de ratón, y de color gris. Probaron el ají, especia de los indios, que les quemó la lengua, y las batatas, que son de raíces dulces, y los gallipavos, que son mejores que pavos y gallinas. Se maravillaron de que no hubiese trigo allá, sino que todos comiesen pan de aquel maíz".

Pero sin duda lo que más sorprendía a todos eran esos hombres y mujeres, vestidos tan diferentes a ellos, tal y como escribe López de Gómara:

“Los que más miraron fue los hombres, que llevaban zarcillos de oro en las orejas y en la nariz, y que ni fuesen blancos, ni negros, ni morenos, sino como ictericiados o membrillos cocidos. Los seis de los indios se bautizaron, pues los otros, no llegaron a la corte”.

Los 10 indios que Colón trajo en su primer viaje no fueron los únicos. Según recogen algunos cronistas, como Fernández de Oviedo, otros marineros como Alonso Pardo o Juan Bermúdez, también se trajeron de recuerdo alguno de ellos. Nada comparado con los 550 indígenas que, enviados por Colón,  llegaron en 1495 a Castilla a bordo de la flotilla capitaneada por Antonio de Torres. En defensa de la, a veces, denostada reina Isabel, hay que decir que fue ella la que decidió que, tras la venta de este envío, se suspendiera la trata hasta analizar bien el tema, tal y como estudia Esteban Mira en Indios y mestizos americanos en la España del siglo XVI .

Pues bien, según la historiadora León, para recorrer las 215 leguas que separan Sevilla y Barcelona, son necesarias 13 o 14 jornadas. Aunque en su texto baraja varias fechas para la salida de Sevilla y la llegada a Barcelona, en un apéndice al final de su obra, llamado Itinerario de Colón reproduce, con los documentos que se conocen la ruta y el itinerario seguido por Colón tanto de ida como de vuelta.

Para León, Cristóbal Colón se puso en camino el 9 de abril, tras la recepción de una misiva firmada por el Reyes católicos, y después de 13 días de viaje entró en Barcelona tras pasar por Lora del Río (día 10), Córdoba (día 11), Andújar (día 12), Villa Palacios (sábado, día 13), Balazote (día 14), Chinchilla (día 15), Almansa (día 16), Valencia (día 17), Borriol (día 18), Tortosa (día 19) y Tarragona (día 20).

Para hacer el camino de vuelta, a partir del día 28 de mayo, Colón estuvo acompañado de cinco criados suyos, siendo invitado a pernoctar en todas las paradas de forma gratuita en posadas de buena calidad según el documento Real Cédula a los concejos, justicias, regidores e los reinos y señorios de Castilla para que aposenten bien a don Cristóbal Colón y cinco criados suyos, en los lugares por donde pararen, del Archivo Gerenal de Indias (Patronato 9, folio 30 rto) fechado en Barcelona el 26 de mayo de 1493.

Así sería el mapa con las escalas, tanto de ida como de vuelta:

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La ruta propuesta por León Guerrero es una de las más utilizadas durante el siglo XVI y XVII entre la costa mediterránea y el sur peninsular, una época en la que Sevilla se convierte en la mayor ciudad peninsular y en el nodo de comunicación más importante. De esta época son los dos primeros repertorios o guías de caminos: el primero es el Reportorio de todos los caminos de España, escrito por el valenciano Pedro Juan Villuga y publicado en Medina del Campo en 1546 y el segundo, publicado 30 años después de la de Villuga, es el Repertorio de Caminos, escrito por Alonso de Meneses. Según los que han estudiado el texto de Villuga, uno de los 139 que recorrían la península, casi siempre de este a oeste siguiendo los valles de los grandes ríos, permitiría ir desde la localidad catalana de Figueres hasta Lisboa, pasando por Barcelona, Tarragona, Valencia, Albacete, Córdoba, Sevilla, Huelva y la capital portuguesa. Esta ruta, como sigue ocurriendo en la actualidad, cruza por muchos pueblos de la provincia de Albacete, entre ellos Villapalacios, y es la que utilizan muchos de las andaluces en su camino de ida y vuelta hacia Valencia y Cataluña, cada vez que tienen unos días de vacaciones.

Este es el camino que recorrió Cristóbal Colón en 1493 según León Guerrero. ¿Pero qué recuerdo quedó del mismo? En Villapalacios ninguno.

Ningún documento, ni ningún testimonio escrito u oral recuerda esta estancia en la localidad.

En las relaciones topográficas de Villapalacios, fechadas el 24 de octubre de 1578, los vecinos consultados mencionan que efectivamente "los de la Andaluzia para yr al Reyno de Balençia y Aragon pasan por esta villa" en la respuesta a la pregunta VI, por lo que es cierto que cualquiera que pasase camino del nordeste peninsular pasaría por estas tierras. Sin embargo, en respuesta a la pregunta XLIV: "se digan todas las cosas notables y dignas de saberse, que fuesen a propósito para la historia y descripción de cada pueblo, aunque no vayan apuntadas en esta Memoria". Mencionan que "no saben otra cosa". Al menos, 85 años después de estos hechos, nadie conservaba en la memoria el paso de Colón, sus "indios" y sus multicolores papagayos.

Pero Villapalacios no es el único sitio que no dispone de documentos del paso de Colón. Excepto la carta fechada el 22 de marzo conservada en Córdoba no existe ningún documento conocido que corrobore esta teoría del viaje de Colón, ni su paso ni estancia en alguno de estos lugares. En ningún ayuntamiento o archivo municipal han aparecido datos sobre este tema. Al menos hasta ahora. Por eso muchos autores dudan, o han dudado, de que este viaje se realizara.

No deja de ser extraño que un acontecimiento así y una caravana tan exótica, con personas de aspecto tan diferente a las habituales, con pájaros y animales exóticos nunca vistos y que se paseó por cientos de kilómetros no hayan dejado ningún testimonio conocido. Otro más de los misterios sobre Colón sin resolver. Por ahora.

 

 

 

 

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