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Historia de Villapalacios. Temas.

 

 

6.000 maravedias para hacer en Villapalacios una comedia el día del Corpus Christi, perpetuamente

Doña Juana Manrique dejó en su testamento de 1588 una dotación a la cofradia del Santísimo Sacramento con el fin de celebrar esta fiesta con autos sacramentales

 

 

 

 

Por José Ángel Montañés Bermúdez.
Publicado el 4 de junio (día del Corpus Christi) de 2026.

 

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Procesión del Corpus de Villapalacios en los años 50. / FOTO ARCHIVO FAMILIAR JOSÉ ÁNTONIO ALGABA QUIJANO

 

 

rojo Los autos sacramentales son piezas teatrales de creación eminentemente española, en concreto del Siglo de Oro, que utilizó la Iglesia con el fin de exaltar la Eucaristia entretener e instruir a personas iletradas en todo lo que tenía que ver con la religión y sus preceptos y en contra de la herejía.  

No había fiesta y celebración (religiosa) que no contara con una representación de estos dramas protagonizados no por personajes concretos, sino por conceptos como la Fe, la Caridad, la Gracia, representantes de bien, en contraposición con los del mal, como Culpa, la Ira, la Envidia, la Gula, etcétera.

Las cofradías y también las autoridades municipales organizaban autos sacramentales y representaciones que se llevaban a cabo en las plazas públicas, y, en la festividad del Copus Christi, en el interior de las iglesias, las únicas representaciones permitidas en el interior de los templos.

 

 

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Estampa del siglo XVIII en el que adora al Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

 

 

En la Edad Moderna a las iglesias se iba a rezar, pero también a jugar a dados o cartas, a bailar y estar cerca de los familiares fallecidos. En las Constituciones sinodales emitidas en la segunda mitad del siglo XVI el Arzobispado de Toledo se prohíbe, y se pide que se castigue con penas y multas, a todo que «celebre concejos y ayuntamientos y otros usos profanos dentro de las iglesias y en los cementerios de ellas». Al parecer, era normal «jugar a naypes, pelota, birlos, herron, y al mojón y hacer viales y danças”. Se prohibían también las «representaciones y remenbranças» en el interior de las iglesias, porque ocasionan «escándalos en los corazones» fijando multas de hasta dos ducados, la mitad para la fábrica de la iglesia y la otra para el que lo denunciase, para el que las hiciera y para los curas que las permitieran. Era excepción los actos relacionados con la fiesta del Corpus Christi.

En Villapalacios también se llevaron este tipo de representaciones con motivo de la festividad del Corpus. Lo sabemos con varios documentos que tienen que ver con doña Juana Manrique de Lara (Villapalacios, 1519-1590).

Esta hija de don Rodrigo Manrque, III conde de Paredes, dejó establecido en su testamento, redactado dos años antes de fallecer, en 1588, una serie de legados y mandas en relación con la cofradía del Santísimo Sacramento de la iglesia de San Sebastián de Villapalacios, a la que califica de ser:

Mui pobre y tener poca zera, quando lo sacan para lo dar a los enfermos, y en su santisima fiesta no sale con la dezenzia y seruizio que se requiere, por tanto y porque Dios Nuestro Señor sea seruido, y en su santissimo dia se hagan los regozijos y alegrias de danzas y representaciones, como a tan alta fiesta se deue y se acostumbra hazer en otras partes…

Por todo eso:

Mando que se de mis vienes, en cada un año perpetuamente para siempre jamas a la cofradía del Santisimo Sacramento de esta villa seis mill marauedies los quales se gasten en zera y en hazer fiestas el dia el Santisimo Sacramento, en danzas y representaziones catolicas, aprouadas por el hordinario lo qual se haga a la disposizion del cura de esta dicha villa, y de los dichos capellanes, a los quales, si les pareziere algunos años, se gaste la dicha limosna en comprar palio, o estandarte, o alguna otra Cosa, que sea nezesaria, para el seruizio del Santísimo Sacramento lo puedan hazer así.

Como contrapartida la cofradía estaba obligada a «hazer decir por mi anima y de mi señor marido, y de nuestros difuntos una misa y bisperas, solemnes, con su bixilia de difuntos, el sauado y domingo luego siguiente de cada un año para siempre jamas, pasado el dia del santísimo sacramento».

Una misa que se diría en la capilla que ella mandaba construir, dedicada a Nuestra Señora de la Encarnación, «cuando este hecha».

Doña Juana Manrique lo dejó establecido en su testamento, pero ¿se llegó a cumplir?

Sí. Lo sabemos por varios documentos posteriores en los que se pasan cuentas a los administradores de su legado, encargados de administrar sus bienes:

 

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Texto de 1612 en el que se puede leer: Fiestas del Corpus. Ytem dieron en descardo seis mil y doscientos y quatro maravedis que se han hastado en las fiestas del corpus confomre a la fundacion.

 

En 1612 leemos, con una anotación al margen: «Fiestas del Corpus», que «se dieron en descargo 6.204 maravedís que se han gastado en las fiestas del Corpus conforme a la fundación», por lo que a los 6.000 maravedís dejados en manda se les habían sumado otros 204 más.

Y en 1615 dos personas de Villapalacios, Bartolomé Sánchez y Francisca Lorencio, reclaman esa cantidad por llevar a cabo esta representación el día del corpus y no habérsele pagado.

Según ellos, la obra la habían representado por «mandato del gobernador», máximo representante de los condes en la villa de Villapalacios y por encargo del «licenciado Andres García, cura de esta dica villa y administrado de las memorias y obras pias que dexo en esta villa doña Juana Manrique».

Por todo, cuentan, «hicimos una comedia para el día del señor del año de seiscientos trece y nos ofrecieron de pagarnos de la limosna que dexo para la dicha fiesta doña Juana Manrique en su testamento doce ducados y gastamos nuestro tiempo y dineros para los adereços de la dicha comedia más de ochenta reales».

La pareja se había gastado algo menos de lo establecido, unos 7,27 ducados.

Según ellos «la hicimos muy buena», pero el sacerdote no se los había pagado. Y eso, pese a que habían pasado ya tiempo, ya que el texto está firmado en Villapalacios el día 12 de enero de 1615, dos años después.

 

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Momento de la representacion del Auto de la Adoración de los Reyes Magos de Villapalacios. Arriba a la izquierda, María Medina Montañés, como la Virgen María, acompañada de los ángeles personificados por las niñas Mari Carmen Martínez, Macu Pajares y, abajo, Piedad Algaba y Rosamari Montañés, esperando a los Reyes Magos en la puerta de la iglesia de San Sebastián. / FOTOS ARCHIVO FAMILIAR MARÍA MEDINA MONTAÑÉS / ARC. FAMILIAR JULIA ALFARO MOLINA.

 

El Corpus y el Auto de los Reyes Magos de Villapalacios

Según los votos que tenía Villapalacios en el siglo XVI, la víspera del día del Corpus los feligreses no comían carne para evitar la piedra, que el granizo afectara o acabara con sus cosechas; en un momento en el que los campos estaban ya dorados y se comenzaba a recolectar. Lo expresaban así: «no se come carne para que Dios nos libre de la piedra y niebla». No era obligado el ayuno en ese día.

Los Autos de los Reyes Magos que se representan en otros lugares no están considerados autos sacramentales, sino un drama litúrgico.  En Villapalacios se ha representado desde siempre, y hasta que se perdió a finales de los años sesenta del siglo XX, el Auto de la Adoración de los Reyes Magos en el que un grupo de vecinos representaba los principales personajes de este antiguo texto teatral que tiene su origen en el siglo XII y que a Villapalacios, cabeza del señorío de los condes de paredes pudo llegar desde Paredes de Nava (Palencia) donde esta familia de los Manrique tenía la sede de su condado. En esta localidad, los personajes también recorrían las principales calles de la localidad hasta que llegaban a la barbacana del palacio de los Manrique, donde se desarrollaba la escena principal.

 

 

 

 

Referencias:

MIRAVILLES, Luis (1998). El gran espectáculo popular de los Autos Sacramentales. Revista de folclore, pág. 104-108.

MONTAÑÉS BERMÚDEZ, José Ángel (2022). Entre espadas y crucifijos. Cuatro personajes de la España del siglo XVI vinculados con Villapalacios (Albacete).

Constituciones sinodales hechas por el ilustrísimo y reverendísimo señor Don Gaspar de Quiroga, cardenal de la Santa Iglesia de Roma, arzobispo de Toledo, primado de las España. Madrid, 1583, p. 46.

 

 

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