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Historia de Villapalacios. Temas.
Una pintura mural inédita de comienzos del siglo XVI en la iglesia de San Sebastián de Villapalacios
El fragmento, seguramente un San Juan Evangelista, fue pintado a comienzos del siglo XVI, coincidiendo con los primeros años de vida del templo enfrente de la puerta de acceso de la iglesia albacetense. Tras su puesta en valor aparecerá publicado en un libro sobre pintura mural de la provincia.
Por José Ángel Montañés.
Publicado el 5 de julio de 2026.

Fragmento de pintura mural conservado en uno de los muros de la iglesia gótica de San Sebastían de Villapalacios.
/ FOTO DE JOSE ÁNGEL MONTAÑÉS
La iglesia de San Sebastián de Villapalacios es un enorme edificio de una sola nave con arcos diafragmas, dividida en siete tramos, construida a finales del siglo XV y vinculada con el gótico final con elementos renacentistas. En ausencia de un retablo, que sin duda tuvo, los elementos patrimoniales más destacados de su interior son las pinturas mudéjares del sotocoro, situado a los pies del templo, y una tribuna de madera considerada plateresca que está actualmente colocada justo encima en la que destacan sus vigas que terminan en 12 ménsulas con cabezas de monstruos con una talla excepcional.
Pero este templo conserva otros elementos de importancia; algunos a la vista desde hace casi medo siglo, pero que han pasado desapercibidos hasta ahora.
En los últimos trabajos de restauración llevados a cabo en el edificio, entre los años 1978 y 1979, que le dieron el aspecto que tiene ahora a la iglesia, se procedió al repicado del enyesado y las capas de cal de las paredes para dejar la piedra vista.

Vista de la parte superior de la nave, alrededor de 1977 o 1979, previa a los trabajos de restauración que se llevaron a cabo en esos años. Se pueden apreciar las paredes y el interior de los arcos encalados, así como las inscripciones religiosas que adornaban todas las enjutas de los arcos diafragmas.
/ ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE ALBACETE.
En uno de los tramos del muro del lado del Evangelio, en concreto en el quinto, situado justo enfrente de la puerta principal de acceso, aparecieron resto de una pintura mural, en la parte alta del lienzo de pared, a unos ocho o nueve metros del suelo y apenas a unos dos del comienzo de la cubierta de madera a dos aguas que cubre la nave.
En la pintura está representado, a tres cuartos, un hombre imberbe, de enormes y expresivos ojos y larga cabellera ondulada, que alarga su brazo derecho extendiendo su mano. Va vestido con una túnica azul, acordonada al cuello y por encima viste una segunda prenda: un manto encarnado que, desde el hombro derecho pasa por detrás de la cintura y recoge entre su brazo derecho y el cuerpo. El manto, por su parte inferior es de color blanco. Detrás de la figura se adivinan unas líneas que dibujan un paisaje, y que darían contexto a la escena. Estos trazos indicarían un montículo o zona montañosa que dan sentido y enmarcan la escena.
El rostro, cabellera y nimbo de la figura../ FOTO J.A.M..

La mano derecha de la figura representada. / FOTO J.A.M.....
................ ................La túnica azul y, encima, el manto rojo. / FOTO J.A.M.
La línea del paisaje pintada para enmarcar la escena. / FOTO J.A.M.
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La pintura es un fragmento de una representación mayor y más compleja, que ocuparía, al menos, la mitad superior de ese lienzo de pared.
Conocemos los informes y planos elaborados en 1977 previos a los trabajos de restauración llevados a cabo por la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de la Vivienda, pero en ellos no aparece mención alguna a esta pintura que en ese momento estaba oculta bajo la capa de yeso y cal. Tampoco se ha encontrado ninguna mención escrita sobre la misma. Es probable, que en el repicado que se llevó a cabo en ese momento partes de esta pintura fueran eliminados. Y quizá al llegar al rostro de este personaje se decidió mantenerlo. Desconocemos si se le aplicó algún tipo de tratamiento de conservación o simplemente se dejó al descubierto.
¿A quién representa?
En un principio pensábamos que el hombre representado en la pintura mural era un Jesucristo en la acción de bendecir. Pero, como hemos dicho, el personaje no lleva barba y en el 99% de las veces a Jesucristo se le representa dentro de la iconografía cristiana, con barba, por lo que sería casi imposible que nuestro personaje lo fuera.
En este sentido, el personaje que más puntos tiene es que sea San Juan Evangelista, representado siempre como un joven imberbe, ya que era el más joven de los apóstoles.
Los colores de la túnica y del manto o mantolín también apuntan a que podría tratarse de este personaje. A San Juan Evangelista se le representa con una túnica blanca o azul, símbolo de su pureza y juventud y un manto rojo, símbolo del amor encendido, la pasión y el sufrimiento en el Calvario, ya que permaneció al pie de la cruz.
Muchas veces se le representa junto a la Virgen María, ya que fue el único apóstol que acompañó a Jesús en el Calvario.

Tres pinturas con representaciones de San Juan Evangelista. Izquierda: Antonello da Messina, Crucifixion, 1475, óleo sobre madera. The National Gallery. En el centro, Joan de Joanes, San Juan Evangelista. ca. 1545-1550, óleo sobre tabla. Colección Fundación Bancaja. Y a la derecha, El Greco. San Juan Evangelista, 1609, óleo sobre tabla. Museo del Prado.
En los tres aparece con su túnica y manto y con los atributos que se le representa: águila, libro y cáliz. En el primer caso se trata de un Calvario y, enfrente, está la Virgen María.
Por eso, la escena de la que formaría parte este supuesto san Juan Evangelista, podría ser un Calvario que se habría pintado en esta pared de la iglesia de San Sebastían, como apunta Luis Guillermo García-Saúco, uno de los mayores expertos en arte religioso de la provincia de Albacete, tras visionar las imágenes que le hemos proporcionado.
Tras ver las fotos, y mostrando, insistimos, la prudencia normal ante el fragmento de pintura, explica:
«Creo que se trata de un fragmento con la imagen de San Juan Evangelista. No es una imagen de Cristo ya que, aparte de aparecer sin barba, su aureola es propia de un santo y no con las clásicas potencias», explica García-Saúco, que apunta: «Si formara parte de un Calvario la figura de este posible San Juan Evangelista estaría al pie del crucificado y al lado contrario la imagen de Maria Dolorosa».
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Situación del fragmento de pintura mural conservado en uno de los lienzos de pared de la iglesia de San Sebastián de Villapalacios. En la primera imagen se ve la altura en la que está colocado y en la segunda en el centro aparece en uno de los arcos diafragmas.
Pero tras conocer la situación de la pintura, cercana a las vigas de madera que aguantan el tejado, este experto plantea sus dudas y asegura:
«El personaje no está bendiciendo sino más o menos señalando. Si estuviera bendiciendo estaría con los dos dedos unidos y no es el caso. Es difícil aventurar hipótesis y ahora viendo todo el muro se complica más, ya que no hay referencias. Incluso al no quedar más centrada la figura, ya dudo también de la posibilidad de que sea un Calvario».
En el lienzo de pared en el que se ha conservado el fragmento de esta pintura existía, no sabemos si desde la primera construcción de finales del siglo XV, una puerta secundaría de la iglesia que permitiría acceder al camposanto que surgió en la parte posterior de la iglesia una vez que se prohibió enterrar a los fallecidos en el interior del templo. Esta puerta, visible en varias imágenes conocidas, como una realizada por Jaime Belda en 1928 y en una postal de la localidad, en 1977, fue cegada y sustituida por otra más pequeña, situada en el siguiente tramo, en los mencionados últimos trabajos de restauración del templo.

Interior de la iglesia de San Sebastián de Villapalacios en 1928, arriba, en una imagen de Jaime Belda, y en 1970, abajo, en una de las postales de Villapalacios editada en 1970.
En las dos imágenes se puede ver como la puerta situada en el lado del Evangelio, estaba hasta que en la reforma que acabó en 1979, en el quinto tramo de la nave, y no en el sexto, como está ahora. Justo encima de esta puerta, en la imagen de 1970 tapada con una cortina encarnada, es donde se encuentra el fragmento de pintura mural conservado.
¿Cuándo se pintó?
En cuanto a su cronología, García-Saúco considera que «quizá sea del siglo XVII, ni antes ni muy posterior», ya que, según él «está dentro de una línea correcta, no demasiado clásica, ni muy barroca». Y concluye: «sería obra de algún pintor correcto sin demasiadas pretensiones», tras, insistir en que faltan elementos para poder emitir una conclusión precisa.
Por su parte, Alberto Velasco, profesor de la Universitat de Lleida y de la Universitat Oberta de Catalunya y experto en pintura gótica, coincide en que el representado no es Jesucristo y que podría ser San Juan Evangelista, enumerando elementos como el rostro imberbe del personaje y, sobre todo, como aseguraba García-Saúco, «porque el nimbo sería de potencias crucíferas. Eso lo respetaban mucho. Este tipo de nimbo es definitivo. No es Jesucristo», asegura Velasco.
Para él la pintura es anterior, de finales del siglo XV o la primera mitad del siglo XVI: «es difícil, porque el fragmento es tan pequeño que no permite hacer una precisión cronológica muy concreta, pero me mantengo en lo de comienzos de siglos XVI».
Para este experto la pintura podría tratarse de «una escena de predica de un santo en el desierto o una escena de guarición o curación de un tullido o un leproso».
Velasco apunta varios elementos más que confirman, insistiendo en la prudencia por ser una pintura muy fragmentada, esta cronología.
El pelo: «el personaje lleva la típica melenilla que llevan los personajes en ese momento, de finales del siglo XV y, sobre todo, de comienzos del siglo XVI».
El nimbo: «el tipo de nimbo plano, con dos perfiles negros, también apuntan a este momento».
Y, sobre todo, el elemento que más cronología podría marcar de la pintura sería, según Velasco:
Los pliegues de la túnica: «La acumulación de pliegues que hay en la túnica azul. El brazo derecho lo tiene cubierto por el manto rojo, pero el izquierdo deja ver la maja de la túnica con unos pliegues quebradizos y zigzagueantes característicos de la pintura tardogótica de finales del siglo XV y principios del siglo XVI».

Pliegues quebradizos de la túnica azul. / FOTO DE J. Á. M.
A San Juan Evangelista se le identifica, como se ha visto en la imagen de más arriba en la que se ha reunido tres pinturas de este evangelista, por los atributos que le acompañan siempre: un águila, un libro cerrado o pergamino, y, también un cáliz con una serpiente. Nada de eso aparece en la pintura, aunque queramos ver ese libro en la parte inferior de la pintura, justo debajo de su brazo izquierdo.

Posible libro situado junto a la mano izquierda
(desaparecida) de la figura. / FOTO DE J. Á. M.
Alejandro Jaquero, historiador del Arte y profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete, coincide en la cronología aportada por Velasco y la posibilidad de que el representado sea San Juan Evangelista que comparten también con García-Sauco.
“A nivel iconográfico nos faltan atributos y detalles como para determinar la figura a la que se puede estar haciendo mención. Esa idea de un san Juan no es descabellada, pero tampoco tenemos más detalles aparte del nimbo para determinarlo”, explica este investigador.
Jaquero defiende la postura de Velasco de que se trata de una pintura de comienzos del siglo XVI: «De hecho es la época en la que en otros templos del territorio se hacen decoraciones pictóricas con estas innovaciones estilísticas. Este fragmento, aunque pequeño, se conserva muy bien y nos aporta información de una escena que tuvo que ser muy rica».
Y enumera algunas pinturas de características similares en otras iglesias de la provincia, como en la de Santa María del Salvador, en Chinchilla, donde se conserva entre las bóvedas de la cámara una imagen del padre Dios, y en la de San Martín de La Gineta, donde «se conserva, aunque muy deteriorada, una Última Cena en sintonía con las formas de lo que hay en Villapalacios».


Interior de la iglesia de San Martin de La Gineta con las pinturas murales a la izquierda, sobre el arco de entrada a una de las capillas. Abajo, vista de esta pintura, una Santa Cena. / FOTO DE JOSÉ ALABAU MONTOYA.
Todas estas pinturas, son, según Jaquero, «el resultado lógico de la aplicación decorativa del templo tras su materialización arquitectónica; se van añadiendo esos detalles de piel de la arquitectura después de que está ya cerrado y ensamblado; unas pinturas que se hacen bajo unos presupuestos estéticos renovados, tratando de alejarse de la tradición gótica y asumiendo ideas y conceptos renacentistas. En sintonía si lo vemos también así con lo que Juan de Borgoña propone en el retablo de la Trinidad».
Jaquero que tiene en fase de edición un libro sobre pintura mural en la provincia de Albacete, asegura, tras conocer la existencia de este fragmento de la iglesia de San Sebastián, que lo incluirá en su estudio que se publicará en breve. Por lo tanto, esta pintura mural inédita y olvidada de este posible San Juan Evangelista de Villapalacios pasará de permanecer al margen de la historia de este templo a figurar entre la bibliografía especializada.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
ALABAU MONTOYA, J.L. (2022). 'La iglesia de San Martín de La Gineta. Una joya del gótico tardío en la Mancha'. Al-Basit (67), 47-98.
JAQUERO ESPARCIA, A. (2024). 'El uso de retablos fingidos en los territorios de Albacete a lo largo del siglo XVIII: panorámica y estado de la cuestión'. En Zaparaín Yáñez, M. J., Hoyos alonso, J. y Payo Hernanz, R. (eds.), Relecturas sobre la retablística iberoamericana. A mayor lucimiento y decencia del tema. Silex. pp. 75-87.
VELASCO GONZÀLEZ, A. (2011). Devocions pintades. Retalues de les Valls d'Àneu (segles Xv i XVII), Pagès editors, 352 pp.
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