Historia de Villapalacios. Temas
Nobles, señores, criados y esclavos en el Villapalacios del siglo XVI
Los vecinos de la localidad, convertida en la capital del señorío de las Cinco Villas, convivieron con los condes y sus familias, militares, grandes eclesiásticos y gobernadores
Por José Ángel Montañés Bermúdez
Publicado el 27 de noviembre de 2025

La calle Charcos, una de las más antiguas de la localidad de Villapalacios, con una de las casas que, seguramente, pertenece a los primeros años de historia de esta localidad. / FOTO JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS.
En el Villapalacios del siglo XVI se pusieron de manifiesto las diferencias sociales de esta localidad, como pocas veces en su historia, tras convivir señores, criados y esclavos y el resto de los vecinos ocupados en sus pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas con la que poder sustentar a sus familias.
Tras la donación que hizo Juan II de Castilla a Rodrigo Manrique, I conde de Paredes, en 1436, tuvo que sorprender a los vecinos de Villapalacios ver llegar y establecerse a estos importantes personajes y sus familias acompañados de militares, guerreros, grandes eclesiásticos, comendadores y maestres.
Cuando Rodrigo Manrique, III Conde de Paredes, se instala a vivir en Villapalacios en 1526 tuvo que suponer un gran acontecimiento en todos los sentidos; y tuvo que marcar, como nunca, las diferencias de clases en la localidad: un pueblo al servicio de su señor. Que las fronteras entre un grupo y otro no eran infranqueables lo demuestra que este conde (que seguramente había nacido en Villapalacios) se había casado, tras «inclinarse apasionadísimamente» con Ana de Jaén, una criada suya nacida en Villapalacios, que luego se llamó Ana Manrique. Una criada convertida en condesa, con todo lo que eso conlleva, en cuanto a la ruptura del orden social establecido: en esos momentos los matrimonios siempre eran entre iguales «tanto de bienes de fortuna como de natura».
Los criados, fundamentales para las clases nobles, fueron una forma de extender su poder allí donde gobernaban; una especie de puente entre las clases dirigentes y el resto de la sociedad. La relación entre señores y criados en la casa de Paredes ha sido objeto de estudio en varios trabajos que han tenido como fuente fundamental el trabajo de Luis Salazar y Castro sobre la familia y linaje de los Manrique de Lara.
Unos trabajos que aportan datos fundamentales sobre la relación entre unos y otros, a la vez que ayudan a entender la complejidad de sus casas y el número de personas a su servicio: secretarios, maestresalas, despenseros, reposteros, camareros, cocineros, pajes, mayordomos, caballerizos, mozos y un largo etcétera, que se pasearon en este momento por las calles de Villapalacios y las otras villas del señorío.
Recibimiento de los Reyes Católicos a Colón en Barcelona, obra historicista de Ricardo Balaca, en el que aparecen los reyes, Colón y un grupo de indígenas americanos que viajaron en el primer viaje de vuelta desde América.
Y en el escalafón más bajo los esclavos, personas sin ningún tipo de derechos que también trabajaban para los señores; que los veían como un signo de ostentación, lujo y riqueza. En el caso de Villapalacios, los esclavos de los condes de Paredes salen a la luz en el momento en el que sus dueños hacen testamentos y son beneficiados con algún tipo de legados, sobe todo ropa de cama o de vestir, también económicos, pero, sobre todo, con la ansiada libertad.
No se sabe su procedencia; tan solo cuando se habla de su color o se les califica de «moro». A la mayoría se les cambiaban los nombres, sobre todo si se bautizaban, adoptando alguno de la familia o del santoral. Y a los niños se les conocía con diminutivos, demostrando el afecto que podían sentir sus dueños por ellos. Tampoco sabemos nada de sus condiciones de vida; pero, es verdad que por la lectura de los testamentos en los que se les cita la consideración parece ser parecida a las de las de las personas del servicio libres.
Por Salazar y Castro trasciende que Leonor a Acuña, la II Condesa de Paredes, fue la que más donaciones hizo a sus 20 criados y a sus 19 esclavos: tres hombres, nueve mujeres y siete niños, a los que concede la manumisión o libertad:
Por cuanto la libertad es cosa de gran estima, y redimir el cautivo es una de las siete obras de misericordia, mandamos que después de sus días fuesen libres las personas siguientes a los cuales damos por libres y horros: a Rodrigo y Aldara su mujer, y a Guiomarita su hija, además de darles libertad, mandamos que le sean dados 5.000 mrs. A Diana y a Leonardico su hijo, además de darles libertad, mandamos que le sean dados 4.000 mrs. y un arca y colchón y un par de sábanas y una manta, y además otros 4.000 mrs. para ayuda a su casamiento. A Bernardina, y a Mifrico su hijo, además de dar libertad, mandamos que le sean dados 4.000 mrs (con el mismo ajuar que a los anteriores). A Bárbara, además de le dar libertad, mandamos que le sean dados 4.000 mrs (con el mismo ajuar). A Poldona, además de darle libertad, mandamos que le sean dados 4.000 mrs (con el mismo ajuar). A Felipe, y Anastasia su mujer, y a Gabrielico, y a Francisquito sus hijos, además de darles libertad, mandamos que le sean dados 1.000 mrs. A Jerónima, y a su hija Inesica, además de darles libertad, mandamos que le sean dados 2.000 mrs, y un colchón, una sábana y una manta. A Ufragia, a Paulina, a Luisico, y a Martín, les damos libertad, y ahorramos.
Contrasta la cantidad de esclavos de Leonor de Acuña con la escasez de la siguiente condesa, Isabel Fajardo, que solo habla de una, llamada, precisamente, Leonor, en recuerdo de aquella:
Mando que Leonor, mi esclava, luego que yo de esta vida pasare, quede horra y libre. Y mando a doña Leonor, mi hija, que la tenga por suya, y como se han de servir de otra de su manera, se sirva de esta para la casa, siendo tenida por libre.
La condesa preocupada por ella añade: «porque es mi voluntad que la dicha mi hija la tenga en su servicio, porque la libertad no sea causa de perderse, donde le fuese la libertad más dañosa que provechosa». Dejando claro que entre señores y esclavos había una relación de proximidad.
La relación estrecha entre señores y criados también se conoce por los testamentos.
Y una vez más, es Salazar y Castro el que aporta la información. Por este autor sabemos que:
* I conde de Paredes, Rodrigo Manrique, tenía, al fallecer, 27 criados.
* I condesa de Paredes, Elvira de Castañeda, 13 criados.
* II conde de Paredes, Pedro Manrique, 7 criados.
* II condesa de Paredes, Leonor de Acuña, tenía 18 criados, además de los 19 esclavos.
* III conde de Paredes, Rodrigo Manrique, tenía 15 criados.
* III condesa de Paredes, Isabel Fajardo, tenía ocho criados.
EL CASO DE DOÑA JUANA MANRIQUE
En el caso de Juana Manrique, la hija de Rodrigo Manrique y Ana de Jaén (Manrique), se contabilizan 20 criados, la mitad mujeres. Según su testamento de 1588, deja legados a todos ellos. Pero en especial a Jerónimo Perote, por su «buenos servicios» y porque se casó con Catalina Bautista Aliaga: «a quien el capitan Geronimo de Aliaga mi señor marido e yo, criamos y tubimos en lugar de hixa». Por eso le deja la enorme cantidad de 1.000 ducados y establece que, si alguien se opone y él tuviera que reclamarlos judicialmente, los gastos sean a costa de la hacienda que ella deja.
A Sicilia, la hija de Perote y Catalina Bautista Aliaga, le deja «para aiuda a su casamiento los huertos que yo tengo en la riuera desta dicha Villa que estan juntos», por «el mucho amor y voluntad que le e tenido y tengo». Y a su hermana Juana «por la dicha causa y para el dicho efecto el colmenar que yo tengo dodizen la fuente de la Puerca con los aderezos del dicho colmenar».
A Agustina de Abio le lega 100 ducados «por los buenos servicios que me a echo». Y a su marido, Cristóbal Martínez, «una haza que yo compre del mismo, que esta en dodizen la Cantera, con todo lo aella anexo y añadido, que yo e comprado o esta aumentado».
A Rafael de Ballesteros una casa «que tengo en el callexon de la calle que dizen de Palazios». Como viven en ella los anteriores Cristóbal Martínez y Agustina de Abio podrán seguir haciéndolo hasta que Rafael de Ballesteros (al parecer hermano de Agustina) venga a vivir a «esta villa y a seruir la capellania en que le nombro capellan».
A Pedro de Abio le deja 10.000 maravedís. A Ana Marín, aparte del sueldo que se le deba, «una cama ropa y madera, como pareziere que conuiene a mis albazeas y así mismo se le de una casa en que biuia, por los dias de su vida», que al morir volverá al conjunto de bienes que Juana Manrique deja. También pide que se le pague lo que se le debe a Ana Hernández y a su hijo y 10.000 maravedís más.
En su testamento nombra a otras criadas como Isabel Manrique, Ana González, Ana Mendoza e Isabel Rodríguez, además de dos hijas de Luis de Ballesteros y Demencia Lopez; otra de Miguel Lopez y de María del Castillo, una hija de Bernardino de Ballesteros y a Ana «hija de Maria Rodríguez». Sobre Juana Evangelista aclara que «queda muchacha, y no queria que como a tal la engañase alguna mala persona, por lo qual mando y es mi voluntad que este en casa de Geronimo Perote al que encargo que mire por ella».
El hecho de que algunos de ellos lleven el nombre de 'Jerónimo' o 'Aliaga', como Jerónimo Perote, o su mujer, Catalina Bautista Aliaga, podría denotar el origen esclavo de estas personas vinculadas con el marido de doña Juana Manrique, Jerónimo de Aliaga, conquistador del Perú. En el caso de Antonia «que al tiempo que murió el capitán mi señor, dejo por libre», su origen esclavo está claro. A ella, dola Juana le deja en su testamento 20.000 maravedís para ayudarla a su boda.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
1.- MONTERO TEJADA, Rosa Maria (1996) Nobleza y Sociedad en Castilla. El Linaje Manrique (siglos XIV-XVI), Madrid, Caja de Madrid,
2.- LOSA, Pedro Losa ; LOPEZ CAMPILLO, Rosa María (2017). «Redes de dependencia mutua entre señores y criados en el Condado de Paredes (siglos XV y XVI)». Estudis, Revista de historia
moderna, 43, pp. 159-187.
3.- SALAZAR Y CASTRO, Luis (1694). «Testamento de Leonor de Acuña, II Condesa de Paredes». Historia Genealógica de la Casa de Lara: justificada con instrumentos y escritores de inviolabe fe. Volumen IV, pp. 420-424.4.- SALAZAR Y CASTRO, Luis (1694). «Testamento de doña Isabel Fajardo Chacón, III condesa de Paredes». Historia Genealógica de la Casa de Lara: justificada con instrumentos y escritores de inviolabe fe. Volumen IV, pág. 435.
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