HISTORIA DE VILLAPALACIOS 

___________________________________________________________Pregón de las fiestas 2011

Pregón leído durante la inauguración de la Feria y Fiestas de Villapalacios 2011 por MARCIAL POLO RODRÍGUEZ, nacido en Villapalacios hace 45 años. Licenciado en Derecho, ejerce como abogado desde 1993, dirigiendo su propio despacho en Madrid. Especializado en Derecho Penal y Responsabilidad Civil, se ha especializado en la defensa de las víctimas de accidentes y negligencias.

 

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El pregonero de las fiestas 2011 durante el acto.


dd PREGÓN DE LAS FIESTAS DE VILLAPALACIOS 2011


"Quiero comenzar dando las gracias al Ayuntamiento de Villapalacios, y en especial a su Alcaldesa, Maribel, y a todos los demás concejales, por la oportunidad que me han ofrecido de dirigiros estas palabras. Es para mí un gran honor del que me sentiré siempre orgulloso y recordaré con emoción.

A pesar de las palabras tan amables que me ha dirigido Loli en su presentación, lo cierto es que, cuando recibí la llamada, invitándome a pronunciar el pregón de las fiestas, lo primero que pensé es lo mismo que seguramente estaréis pensando muchos de vosotros: ¿Qué pijo he hecho yo para merecer esto?

Humilde y sinceramente, debo decir que en ese momento, me vino a la cabeza que, a diferencia de aquellos que me han precedido en este cometido en los años anteriores, yo no creo haber hecho ningún mérito especial que me haga ser digno de esta distinción. Sin embargo, con la misma sinceridad, también debo decir que no dudé en aceptar, porque inmediatamente sentí que, para ser pregonero de las fiestas, no hace falta ningún otro mérito especial que no sea sentirse paloteño, y querer a nuestro pueblo, y con mucha honra puedo presumir de que sí cumplo con creces con esos
requisitos.

Y ya que estoy hablando de orgullo de paloteño y de amor a nuestro pueblo, de inmediato me viene a la mente el recuerdo de mi padre, que es la persona de la que aprendí esos sentimientos, y a la que se los debo. Sin duda él, y todos aquellos seres queridos que ya no están con nosotros, pero que también disfrutaron tanto de estas fiestas, de alguna manera están aquí presentes ahora. También quiero mencionar expresamente a nuestros amigos Rafa, Matías, y Pascual, por habernos dejado de forma ten reciente. Todavía los sentimos aquí.

Voy a dedicar el contenido de este pregón a poner de manifiesto la utilidad y la necesidad de celebrar las fiestas.

Vivimos tiempos difíciles. Sufrimos una crisis económica sin precedentes, que nos exige un esfuerzo de austeridad. Desde luego, las circunstancias no son las más favorables para celebraciones. Por si fuera poco, este año, hasta el calendario se ha puesto en contra.

En esta situación, la celebración de las fiestas puede parecer un gasto inútil, un lujo innecesario. Incluso he escuchado comentarios de varias personas que, aparentemente en broma, pero con un verdadero trasfondo de opinión firme en serio, se han mostrado partidarios de que se suprimieran.

Permitidme usar una expresión que, puede no ser elegante ni literariamente adecuada, pero sí que es muy paloteña, y me sirve para transmitir fielmente el sentimiento que se rebeló en mí al oír esos comentarios: Por favor, ¡ no seamos cenizos !

Una cosa en la que podremos estar todos de acuerdo, es que los gastos de las fiestas deban moderarse, adecuándose a los tiempos que corren. Debemos comprenderlo y aceptarlo, e incluso me atrevería a decir que podemos exigirlo. Pero nunca se puede caer en el extremo de renunciar a las fiestas, porque sería lo mismo que renegar de nuestra propia identidad.

Es precisamente en situaciones difíciles, como en la que nos encontramos, cuando más se hace necesario vivir las fiestas con intensidad, sobre todo si alcanzamos a comprender, que lo más importante no son las actividades que puedan resultar más o menos costosas, sino que de lo que se trata, principalmente, es de dejarse llevar por un estado de ánimo que nos permita, al menos durante unos días, que aflore lo mejor de cada uno de nosotros.

Para superar la crisis, o cualquier situación de dificultad, no hay mejores herramientas que la fortaleza de ánimo, la seguridad en nosotros mismos, y la solidaridad entre unos y otros. Participar en las fiestas, viviendo con plenitud todas sus diferentes dimensiones, no sólo es útil, sino que es necesario, pues nos ayudará a contar con esas herramientas.

Vivir las fiestas supone, en primer lugar, dar continuidad a nuestras tradiciones culturales y religiosas: la devoción por el Santísimo Cristo, la apertura de la feria ganadera, los festejos taurinos, la banda de música por las calles, las atracciones para los niños, los puestos de la plaza, las peñas, la verbena, el juego de la taza, los churros de madrugada… son tradiciones y actividades que nos identifican, de las que debemos sentirnos orgullosos. Las hemos aprendido de nuestros padres y debemos transmitirlas a nuestros hijos. Son un tesoro de valor incalculable y no podemos despreciarlo ni desperdiciarlo.

Las fiestas son también, la mejor ocasión para rendir homenaje a nuestros mayores. Nuestros padres, nuestras madres, nuestros abuelos, con su esfuerzo y con su entrega han contribuido al progreso del que disfrutamos. No podemos olvidarnos de ellos en el momento del ocaso de su vida, sino que debemos recordar y reconocer lo que han hecho por el pueblo.

Y desde luego, no podemos privar de las fiestas a los que, sin duda, más disfrutan de ellas: los más pequeños y los más jóvenes. Todos recordaremos la ilusión con la que aguardábamos en nuestra infancia, y en nuestra primera juventud, la llegada de estos días. Cada uno, según la época y la etapa de la vida en la que se encontrara, recordará diferentes vivencias relativas a sus primeras fiestas, pero el denominador común de la ilusión ha sido y será siempre el mismo. Una felicidad plena se podía alcanzar, simplemente por hacerse con una bolsa de almendras garrapiñadas para compartirla con los amigos, o si nos tocaba un muñeco en la tómbola que, por supuesto, valía menos que lo que nos habíamos gastado en comprar las papeletas para el sorteo. Cuando ya pasábamos a ser un poco más mayorcitos, alcanzábamos esa misma felicidad con lo que considerábamos verdaderas hazañas importantes, como romper un palillo con un viejo rifle de plomos, ganando como premio un cigarrillo seco y manoseado que luego intentábamos encender, soplando en vez de aspirar, y que, aunque nos supiera a rayos, daba la satisfacción de sentirse mayor.

Ya puestos a evocar nuestra adolescencia, qué mejores recuerdos que la ilusión con la que, cuando la edad ya nos lo permitía, nos iniciábamos en aquellos primeros bailes que, gracias a las fiestas, siempre se han organizado y deben seguir organizándose, sea de una manera o sea de otra, adecuándose a los tiempos y a las circunstancias, como ha sucedido siempre, desde donde alcanza mi memoria. Las fiestas no se conciben sin música, sin bailes, sin verbenas, ya sea con un conjunto de primera fila, o con el más humilde hombre-orquesta.

Pero, sobre todo, no podemos pasar por alto la actividad, el dinamismo y la energía que la celebración de las fiestas supone para el pueblo: las fiestas contribuyen a mantener vivo Villapalacios, atrayendo a paloteños y a visitantes, o para ser más exactos, reuniendo a tres grupos bien diferenciados de personas:

Primero están los del pueblo, es decir, los que son del pueblo y viven en el pueblo.

Después, como muy bien explica nuestro amigo Emilio Quijano en su Lexicario Paloteño, estamos los salvajamones, o sea, los que procedemos de Villapalacios, pero vivimos fuera.

Finalmente están los forasteros, es decir, los que a la pregunta de si ¿eres de aquí o has venido a las fiestas?, tienen que responder con la úlltima de las opciones.

Por supuesto que las fiestas son y deben ser, para los que viven en el pueblo, pero esa afirmación no puede interpretarse, ni mucho menos, en contra de los visitantes, sean del tipo que sean. Precisamente, lo más característico de las Fiestas de Villapalacios, ha sido siempre, esa mágica explosión que se produce, de la hospitalidad que caracteriza a este pueblo. Los paloteños, año tras año, abren las puertas de sus casas y de sus corazones:

En primer lugar, para permitirnos a los “salvajamones” que volvamos a nuestras raíces y nos sintamos orgullosos de ellas, y en segundo lugar, para que unos y otros, todos los que en mayor o menor medida somos de Villapalacios, acojamos, a su vez, a los forasteros que vienen a las fiestas, haciendo que su visita a nuestra tierra les resulte inolvidable.

Por lo tanto, no hay ninguna duda:

LAS FIESTAS SON ÚTILES, LAS FIESTAS SON NECESARIAS.

Quero animar a todos los presentes, a participar y disfrutar de las fiestas, y a vivirlas en todas sus dimensiones.
¡VIVAN LAS FIESTAS!
¡VIVA VILLAPALACIOS!

Villapalacios, 13 de septiembre de 2011.

 





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